Taciturno, no por antipatía, sino por asombro, no podía dejar de mirarla, se sentía atraído. No podía creer lo que tenía frente a sus ojos.
Tomó coraje y le habló. Al igual que su cara tenía un nombre hermoso. Hablaron de sus vidas y de cosas al azar, cualquier palabra servía para descontracturar la tensión.
Él imaginó a ese ángel en su vida, pero primero tenía que pensar en crearle un cielo para que se sienta cómoda. El primer beso no tardó en llegar, fue tan dulce y suave como la miel. Y a partir de ese momento ambos se unieron en el mismo sendero para así caminar juntos.
Vivieron cientos de momentos, de todo tipo, como todo el mundo. Pero lo importante era el amor que ambos se sentían, era inmenso, incomparable.
Cuando todo parecía marchar bien, siempre suceden cosas que frenan el recorrido. Había que despertar. Los sueños lamentablemente en algún momento terminan.
En los sueños entramos en un mundo completamente nuestro. Nadamos en el mar más profundo, o volamos sobre la nube más alta. Soñar no cuesta nada, es una ilusión gratuita.
Cris V.
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