Y corrí. Corrí tan fuerte como pude. Estaba tan asustado que
podía escuchar los latidos de mi corazón, y las piernas me temblaban como si
fuesen de gelatina.
Los chicos tenían razón, en la casa abandonada del monte, cada luna llena, una figura extraña aparecía. Yo, siendo siempre tan escéptico para todo, nunca les creí.
Yo pienso que hasta mis propios amigos, lo cual me contaron esta historia, desconfiaban de que verdaderamente algo pase. Dejé mi incertidumbre de lado y decidí ir, solo.
Termine de cenar con mi familia y me cambie para salir. Agarre la linterna y una lata de cerveza para el camino, obviamente no podía faltar. Tenía un largo camino, como 2 km a oscuras y por calle de tierra hasta llegar a la casa. Normalmente íbamos seguido a ese lugar, de día obvio. Cazábamos, tomábamos unos mates, uso recreativo. Pero nunca de noche.
Ya casi llegando, empiezo a ver los arboles que rodean la casa, y el arroyo, que tenía que pasar si o si por el agua, de otra forma no se podía cruzar.
"Ya estoy acá", me dije. En frente tenia la tranquera con su cartel de 'No pasar'. Lo único que se podía llegar a ver en profundidad, después todo bien oscuro por la cantidad de arboles que hay. Y una luna llena blanca sobre mí que apenas se divisa por sobre los arboles. La luz de mi linterna no llega a alumbrar la casa.
Salté la tranquera y empecé a caminar en línea recta hacia la casa. "Voy directamente a la casa y chau", pensaba. Por más de que no creía en esto, estaba un poco conmovido, mejor dicho, asustado.
Esquivando los arboles y enredaderas llegue a la casa. No es muy grande, más bien tipo un conventillo antiguo, en donde el patio esta en el medio, el aljibe, y lo que serían las habitaciones en los costados, rodeando el patio.
Entré en cada una de las habitaciones. La única que más o menos estaba en buen estado era el baño, había una bañera y un lavamanos. Después las demás estaba todo roto, a algunas les faltaba el piso, otras tenían maderas podridas, que no quise pisar.
A todo esto. Lo que yo vine a ver no aparecía.
Los chicos me habían dicho que todos los meses, con cada luna llena, aparecía una figura rara, con harapos colgando, que flotaba, porque no tenía pies. Con una guadaña en sus manos, como si fuese la mismísima muerte en persona. Que había que evitar que nos viera porque podía pasar algo trágico. Suena a historia de terror, pero bueno, yo que me tomo todo en chiste, estoy acá, decidido a demostrarlo.
45 minutos sentado en el borde del aljibe. Me aburrí, decepcionado por un lado, porque por más de que no creyera tenía ese deseo de ver algo. Salí a caminar, bordeando el arroyo (para poder volver sin perderme). No había más que vacas tomando agua, nutrias…
Me había alejado de los árboles y la casa, asique ya podía ver bien la luna. Y yo creo que en el momento en que me detuve a mirarla fue cuando algo cambió. Se escuchó un sonido fuerte como el de una trompeta, y se levantó un viento frío.
Volver era fácil, tenía que bordear el arroyo y así esquivar la casa. Pero en un momento volví a tener a la casa en frente mío, como si recién hubiese saltado la tranquera. Nuevamente camine en línea recta, pero esta vez un poco más lento. No podía irme ver algo. Esperé unos 15 minutos más y nada. "Ya fue, me voy" dije en voz alta, y camine para la tranquera. Levanté la vista y lo vi. Parado junto a la tranquera, tal cual me lo habían descripto. Quedé perplejo, sin reaccionar, duro como una estatua y los ojos como el 2 de oro. Se me acercó unos pasos, me señaló con la guadaña y me dijo, con una voz gruesa y horrorizante, "el próximo". Me rodeó y se esfumó por entre los árboles.
Los chicos tenían razón, en la casa abandonada del monte, cada luna llena, una figura extraña aparecía. Yo, siendo siempre tan escéptico para todo, nunca les creí.
Yo pienso que hasta mis propios amigos, lo cual me contaron esta historia, desconfiaban de que verdaderamente algo pase. Dejé mi incertidumbre de lado y decidí ir, solo.
Termine de cenar con mi familia y me cambie para salir. Agarre la linterna y una lata de cerveza para el camino, obviamente no podía faltar. Tenía un largo camino, como 2 km a oscuras y por calle de tierra hasta llegar a la casa. Normalmente íbamos seguido a ese lugar, de día obvio. Cazábamos, tomábamos unos mates, uso recreativo. Pero nunca de noche.
Ya casi llegando, empiezo a ver los arboles que rodean la casa, y el arroyo, que tenía que pasar si o si por el agua, de otra forma no se podía cruzar.
"Ya estoy acá", me dije. En frente tenia la tranquera con su cartel de 'No pasar'. Lo único que se podía llegar a ver en profundidad, después todo bien oscuro por la cantidad de arboles que hay. Y una luna llena blanca sobre mí que apenas se divisa por sobre los arboles. La luz de mi linterna no llega a alumbrar la casa.
Salté la tranquera y empecé a caminar en línea recta hacia la casa. "Voy directamente a la casa y chau", pensaba. Por más de que no creía en esto, estaba un poco conmovido, mejor dicho, asustado.
Esquivando los arboles y enredaderas llegue a la casa. No es muy grande, más bien tipo un conventillo antiguo, en donde el patio esta en el medio, el aljibe, y lo que serían las habitaciones en los costados, rodeando el patio.
Entré en cada una de las habitaciones. La única que más o menos estaba en buen estado era el baño, había una bañera y un lavamanos. Después las demás estaba todo roto, a algunas les faltaba el piso, otras tenían maderas podridas, que no quise pisar.
A todo esto. Lo que yo vine a ver no aparecía.
Los chicos me habían dicho que todos los meses, con cada luna llena, aparecía una figura rara, con harapos colgando, que flotaba, porque no tenía pies. Con una guadaña en sus manos, como si fuese la mismísima muerte en persona. Que había que evitar que nos viera porque podía pasar algo trágico. Suena a historia de terror, pero bueno, yo que me tomo todo en chiste, estoy acá, decidido a demostrarlo.
45 minutos sentado en el borde del aljibe. Me aburrí, decepcionado por un lado, porque por más de que no creyera tenía ese deseo de ver algo. Salí a caminar, bordeando el arroyo (para poder volver sin perderme). No había más que vacas tomando agua, nutrias…
Me había alejado de los árboles y la casa, asique ya podía ver bien la luna. Y yo creo que en el momento en que me detuve a mirarla fue cuando algo cambió. Se escuchó un sonido fuerte como el de una trompeta, y se levantó un viento frío.
Volver era fácil, tenía que bordear el arroyo y así esquivar la casa. Pero en un momento volví a tener a la casa en frente mío, como si recién hubiese saltado la tranquera. Nuevamente camine en línea recta, pero esta vez un poco más lento. No podía irme ver algo. Esperé unos 15 minutos más y nada. "Ya fue, me voy" dije en voz alta, y camine para la tranquera. Levanté la vista y lo vi. Parado junto a la tranquera, tal cual me lo habían descripto. Quedé perplejo, sin reaccionar, duro como una estatua y los ojos como el 2 de oro. Se me acercó unos pasos, me señaló con la guadaña y me dijo, con una voz gruesa y horrorizante, "el próximo". Me rodeó y se esfumó por entre los árboles.
Y corrí. Salté la tranquera y el arroyo sin problema alguno. Y corrí como nunca antes había corrido.
Hoy hace un mes de mi experiencia, y todavía cuando lo
pienso me corre un escalofrío en mi cuerpo. Sentado en mi patio, escribiendo
esta historia, tratando de describir cada detalle. Hoy estoy bajo la luna
llena, y podría decir al mismo horario que aquella vez. Y como si pareciera
raro acabo de escuchar el sonido de una trompeta. Se siente un viento frío que
me hace tiritar y todavía no puedo entender las palabras que me dij………………………
Cris V.
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