Si había algo que me gustaba, era acostarme en su pecho. Sin dormir, sin pestañear, para no perderme nada. Sentir su tibia respiración en mi cara. Y ver esos ojos, esos ojos cambiantes, a veces verdes, a veces miel, a veces grises, todo depende de la luz. Pero la luz siempre apagada, solo el pequeño foco del velador, ella nunca dormía a oscuras.
Su perfume, Agatha Ruiz de la Prada fragancia Beso, imposible de olvidar ese aroma, aroma que si siento hoy en dia obliga a cerrar los ojos, respirar ondo y teletransportarme a cientos de momentos.
Esa voz, una melodía compuesta, un acorde de guitarra bien tocado, que eriza la piel, un orgasmo musical.
Al igual que Julio Verne, que dio la vuelta al mundo en 80 días, yo recorrí cada rincón de su cuerpo con tan solo una caricia. Partes áridas y suaves como la seda, partes con grandes relieves, un cabello tupido como el Amazonas. Cerrando los ojos, con una caricia, uno puede imaginar un mundo.
En fin, me gusta dormir en su pecho...
Cris V.
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